Periodismo Internacional · Reportaje
Un recorrido por la disputa territorial entre Armenia y Azerbaiyán, su impacto humanitario y la forma en que el conflicto fue narrado por los medios internacionales.
Nagorno Karabaj es un enclave dentro de Azerbaiyán ubicado en una zona montañosa del Cáucaso. Se trata de uno de los tantos conflictos desencadenados por la delimitación de fronteras que dejó la Unión Soviética: un territorio disputado tanto por razones étnicas como geopolíticas.
La República autoproclamada de Artsaj fue un enclave dentro de Azerbaiyán ubicado en la zona montañosa de Nagorno Karabaj, dentro del Cáucaso. Se trata de uno de los tantos conflictos desencadenados por la delimitación de fronteras que dejó la Unión Soviética. En este caso, es un territorio que se encuentra disputado por un conflicto tanto étnico como geopolítico. En primer lugar, porque la mayoría de su etnia es armenia. Sin embargo, por otro lado, la comunidad internacional reconoce a Nagorno Karabaj como parte de Azerbaiyán.
En 1923, la Unión Soviética cedió su control sobre el territorio a las autoridades azerbaiyanas. Entonces, se conformó como un óblast autónomo (es decir, una región de menor jerarquía que una república) dentro del territorio azerí. A pesar de eso, cuando se disolvió la URSS, Azerbaiyán le quitó el estatus de autonomía. Como respuesta frente a eso, los nacionalistas armenios proclamaron su independencia. Estos hechos desencadenaron una guerra que duró hasta 1994, dejando alrededor de 30 mil muertos.
La paz llegó cuando Moscú intervino como mediadora para negociar un alto al fuego. Este acuerdo es conocido como el Protocolo de Biskek, y fue firmado por representantes de Azerbaiyán, la no reconocida república de Nagorno Karabaj, Armenia y la delegación rusa del Grupo de Minsk de la OSCE. Este último se trata de un órgano que fue creado en 1992 y desde 1997 hasta su disolución en 2025, fue copresidido por Francia, Estados Unidos y Rusia. La negociación determinó que el enclave seguía formando parte de Azerbaiyán. Sin embargo, desde ese momento, contó con un gobierno propio mayoritariamente separatista y respaldado por Armenia.
Este llamamiento de alto al fuego dejó como resultado una paz débil que se vio interrumpida en 2020 por una escalada de violencia que culminó en una guerra entre Azerbaiyán y Armenia que duró seis semanas y dejó un saldo de aproximadamente 6000 soldados muertos. En esta ocasión, para el momento en el que se llegó a una paz mediada por Rusia, Bakú ya había reconquistado todos los territorios que rodean la región y las tropas armenias se replegaron.
Entre 3000 y 7000 soldados rusos controlaron la tregua en el territorio, pero cuando comenzó la guerra contra Ucrania, todo el poderío militar se desvió hacia ese conflicto. El abismo hacia un nuevo estallido era inminente, y se concretó en diciembre de 2022, provocando más de 300 muertes, torturas y más violaciones de derechos humanos. Las tensiones se acrecientan cuando se consideran los roles que cumplen las potencias regionales que están involucradas en el conflicto. Si bien Rusia fue una suerte de garante de paz, es una aliada de Armenia, contando con una base militar en el territorio y habiendo integrando a Ereván al Tratado de Seguridad Colectiva (aunque congeló su participación tras afirmar que Moscú no respondió adecuadamente al conflicto de Nagorno Karabaj). En su contraparte, Azerbaiyán cuenta con el respaldo de Turquía, miembro de la OTAN y aliada desde que reconoció su independencia en 1991. Además, le prestó a Bakú los aviones no tripulados que fueron vitales para la recuperación de terreno en 2020.
El punto cúlmine del conflicto en los últimos años llegó el 19 de septiembre de 2023. Azerbaiyán desató una guerra relámpago que obligó a 120.000 armenios en Nagorno Karabaj a exiliarse. Se trató de un bombardeo intenso por 24 horas para reclamar control sobre el enclave. Tras el saldo de 200 muertes, el gobierno de Nagorno Karabaj se rindió y se comprometió a disolver la República autoproclamada de Artsaj para el primero de enero de 2024.
Luciana Minassian es una abogada argentina especializada en Derecho Internacional y docente en la cátedra de Holocausto y Genocidios (UBA). En una misión de determinación de hechos (fact-finding mission) junto a miembros del Lemkin Institute, estuvo presente físicamente en el punto de control (checkpoint) para observar de primera mano la magnitud del bloqueo y la crisis humanitaria que afectaba a la población.
Hacia el final del bloqueo la situación era todavía más desesperante: "Tenían que ir a las 3 o 4 de la mañana a buscar un número y hacer filas larguísimas para recibir dos o tres pancitos", relata.
Mientras ella y sus colegas observaban desde una montaña, fueron expulsadas del lugar por las fuerzas de paz rusas, unos 5.000 soldados destinados a monitorear la región, que las sacaron de la zona utilizando un camión militar.
"Las mujeres con embarazos avanzados caminaban de acá para allá porque no podían llegar a las clínicas, no había ni nafta."— Luciana Minassian · Abogada especialista en Derecho Internacional, Buenos Aires
La abogada brinda asistencia legal a prisioneros de guerra armenios y lidera investigaciones sobre crímenes de lesa humanidad, impulsando causas judiciales internacionales y denuncias ante la ONU por violaciones a los derechos humanos. Además, pertenece a la Armenian Women's Bar Association y la Asociación Mundial de Abogados Armenios.
En 2016 estuvo por primera vez en Nagorno Karabaj, acompañando al Ombudsman local (Defensor de los Derechos Humanos) con el fin de documentar los crímenes ocurridos durante la "guerra de los cuatro días" de abril de ese mismo año y regresó en mayo de 2023.
El éxodo de septiembre de 2023 no fue el fin de la crisis, sino el inicio de un nuevo desafío logístico para el Estado armenio. La llegada masiva de refugiados ha generado una presión económica y social considerable. "Los 120.000 desplazados son un problema ahora también para Armenia: hay que darles casa, trabajo, subsidio de refugiados y arreglarles la situación del pasaporte", explica Luciana.
Muchos de ellos llegaron con documentos que solo servían para circular internamente y ahora se encuentran en una situación legal precaria, necesitando una identidad administrativa que les permita reconstruir su vida en un país que, aunque solidario, siente el peso de esta nueva carga social.
Entre sus representados legales se encuentra Vicken, un ciudadano armenio-libanés que fue capturado por fuerzas de Azerbaiyán en noviembre de 2020 y detenido ilegalmente en Bakú, tras la guerra de los 44 días en Nagorno Karabaj.
Vicken trabajaba como taxista en la ciudad de Shushí (Artsaj). Fue capturado junto con otra civil, Maral Najarian, el 10 de noviembre de 2020, justo después de la firma del cese al fuego, cuando regresaban a la ciudad para recuperar sus pertenencias. Las autoridades azerbaiyanas lo procesaron por cargos de "terrorismo", en lo que Luciana describe como juicios "orquestados y teatralizados" en donde Azerbaiyán no le brindó nunca acceso a los expedientes.
Según las Convenciones de Ginebra, la Cruz Roja Internacional es el único organismo facultado para visitar a los prisioneros, monitorear su estado y permitir que las familias envíen, dos veces al año, cajas con ropa, café o cigarrillos. Sin embargo, este derecho ha sido sistemáticamente vulnerado. "Los prisioneros no tienen ropa, no tienen nada", advierte Luciana, señalando que Azerbaiyán ha restringido el acceso del organismo; de hecho, la última visita de la Cruz Roja fue una excepción concedida para la Navidad del pasado 25 de diciembre.
"Vicken no camina, tiene que usar constantemente un cuello ortopédico y perdió la audición. Todo eso fruto de las torturas, de la silla eléctrica."— Luciana Minassian · Abogada especialista en Derecho Internacional, Buenos Aires
Cuando fue capturado estaba en perfecto estado de salud y ahora tiene un grado de discapacidad que en Armenia se dictaminó de nivel 3 (muy grave). A pesar de que Vicken fue liberado el 14 de enero de 2026, aún quedan otros 19 prisioneros declarados en manos de Azerbaiyán.
A pesar de que el conflicto de Nagorno Karabaj es uno de los más persistentes del espacio postsoviético, no suele ocupar un lugar central en la agenda mediática internacional, a diferencia de otros enfrentamientos como la guerra entre Rusia y Ucrania. Esta diferencia puede entenderse, en parte, a partir de la relevancia geopolítica que determinados conflictos tienen para las potencias internacionales y los medios occidentales. La cobertura del conflicto en el Cáucaso Sur suele intensificarse durante los momentos de escalada bélica, pero disminuye cuando cesan los enfrentamientos.
En este sentido, el periodista georgiano Joshua Kucera, que cubre la región del Cáucaso para RFE/RL y The Economist, sostuvo que el conflicto "no se cubre demasiado y, cuando se cubre, tampoco se hace con mucha profundidad". Según explicó, esto ocurre porque muy pocos periodistas siguen el conflicto de manera constante y la mayoría lo aborda como parte de regiones más amplias, como el espacio postsoviético o Medio Oriente, donde existen acontecimientos considerados de mayor relevancia internacional.
Además, Kucera señaló que los intereses geopolíticos también influyen en la manera en que los medios construyen la cobertura y que por eso Nagorno Karabaj recibe menos atención. "Es un conflicto relativamente pequeño, es confuso y no involucra grandes potencias (o su rol es complejo y ambiguo), y además, simplemente están ocurriendo muchas cosas en el mundo", agregó.
"Es un conflicto relativamente pequeño, es confuso y no involucra grandes potencias —o su rol es complejo y ambiguo—, y además, simplemente están ocurriendo muchas cosas en el mundo."— Joshua Kucera · Periodista · RFE/RL & The Economist · Especialista en el Cáucaso
En cuanto a la complejidad del conflicto, existen diversos aspectos que suelen simplificarse o malinterpretarse en la cobertura mediática internacional. Laurence Broers, investigador especializado en conflictos, paz y gobernanza en el Cáucaso Sur y autor de Armenia and Azerbaijan: Anatomy of a Rivalry, identifica cuatro cuestiones centrales.
En primer lugar, señaló que muchas veces el enfrentamiento es presentado como un conflicto religioso entre cristianos y musulmanes, cuando en realidad la religión tuvo un rol menor en su desarrollo. Kucera coincide en este punto y aclara que "es peor que una simplificación excesiva: simplemente es incorrecto".
Broers también sostuvo que gran parte de la cobertura internacional tiende a interpretar el conflicto principalmente a través del rol de Rusia, dejando en segundo plano otros factores regionales: "Muchas veces se retrata en función de lo que Rusia hace o deja de hacer, o de lo que le conviene o no". Para Broers, este enfoque "exagera enormemente la importancia de la polaridad entre Occidente y Rusia en la región y en el conflicto, y subestima el impacto de actores y factores de Medio Oriente".
Por otro lado, Broers remarcó que el conflicto suele representarse, especialmente en relatos partidarios, de una manera reduccionista que simplifica su naturaleza multiescalar. Según explicó, "el conflicto debe entenderse como un fenómeno que se desarrolla simultáneamente en distintas escalas, intercomunitaria, intraestatal, interestatal e internacional, cada una con sus propios actores, temporalidades y formas de violencia e inseguridad". Para el investigador, esta tendencia responde en parte a una lógica mediática que prioriza explicaciones rápidas y simples frente a procesos históricos y políticos mucho más complejos.
Estas diferencias en los enfoques mediáticos también pueden observarse en el estudio realizado por Muhammad Fahim, investigador de la Universidad de Ankara, y Muhammad Nazmul Islam, de la Universidad Ankara Yildirim Beyazit, titulado "Mapping the Air Time of Eastern & Western Media on Conflict and War", que analizó la cobertura de la Segunda Guerra de Nagorno Karabaj, un conflicto de 44 días ocurrido en 2020.
La investigación ofrece un análisis comparativo sobre la cobertura televisiva contrastando las perspectivas de medios occidentales como BBC (Inglaterra) y DW (Alemania) frente a cadenas orientales como TRT World (Turquía) y Al Jazeera (Qatar). El análisis evidenció diferencias tanto en el tiempo de aire dedicado al conflicto como en los enfoques adoptados por cada medio, vinculados a intereses políticos, regionales y editoriales.
Los investigadores analizaron 245 reportajes publicados por estos cuatro canales entre septiembre de 2020 y enero de 2023. Los medios orientales dedicaron una cobertura mucho más extensa al conflicto que los occidentales. Mientras TRT World mostró un fuerte sesgo a favor de Azerbaiyán, otorgándole casi cuatro horas de cobertura frente a apenas 18 minutos para Armenia, BBC News y Deutsche Welle evidenciaron una inclinación favorable hacia Armenia. En contraste, Al Jazeera fue señalado como el medio más equilibrado, al dedicar tiempos prácticamente idénticos a ambos países.
Las diferencias también se reflejaron en la cobertura de crímenes de guerra, el tratamiento de las víctimas civiles y el uso del lenguaje. TRT World priorizó casi exclusivamente el sufrimiento de los civiles azerbaiyanos y utilizó términos como "liberación" y "territorios liberados" para referirse a la recuperación de territorios por parte de Azerbaiyán. BBC y DW, por el contrario, emplearon expresiones más neutras como "territorios controlados por Armenia" y dieron mayor espacio al sufrimiento de la población armenia. El estudio también detectó diferencias en el uso de nombres de ciudades en disputa, lo que demuestra cómo las decisiones lingüísticas y editoriales pueden reflejar posicionamientos políticos.
El estudio concluye que, con la excepción de Al Jazeera, las cadenas de noticias no estuvieron libres de sesgos y fallaron en su labor periodística de imparcialidad. Tanto los canales occidentales (pro-Armenia) como TRT World (pro-Azerbaiyán) moldearon la percepción del público mezclando la cobertura con sus propias creencias ideológicas, intereses y la política exterior de sus respectivos países.
Es evidente que la cobertura internacional sobre Nagorno Karabaj continúa siendo limitada y, en muchos casos, superficial. "Tal vez no sea algo que la gente no entienda exactamente, sino algo que no llega a dimensionar completamente: hasta qué punto este conflicto atraviesa profundamente a ambas sociedades (azerbaiyana y armenia)", reflexiona Kucera. Por último, concluye que "hay muy pocas voces que simpaticen con el bando contrario, en una medida que considero inusual en otros conflictos. Pero, al mismo tiempo, gran parte de esto es muy reciente, y no hace mucho tiempo la gente convivía en armonía. Es una paradoja".
Todos los años, la organización no gubernamental Reporteros sin fronteras publica un análisis de libertad de expresión en el mundo. En el informe de 2026, Azerbaiyán cayó cuatro puestos con respecto al ranking del año anterior. De esta manera, el país se ubica en el puesto 171 de un total de 180 naciones analizadas; está entre los diez países con menor libertad de prensa del mundo. Para evaluar la calificación, se tienen en cuenta distintos tipos de indicadores: el político, el económico, el legislativo, el social y el de seguridad. La ponderación de ellos da lugar al resultado final.
"El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, ha destruido cualquier tipo de pluralismo, y, desde 2014, libra una guerra despiadada contra las últimas voces críticas", asegura la ONG en la ficha técnica del país. Además, señala: "La práctica totalidad del espacio mediático del país está bajo el control de las autoridades". Actualmente, hay 23 periodistas y 2 trabajadores de medios detenidos.
En junio de 2025, siete periodistas de Abzas Media fueron condenados desde siete años y medio a nueve en prisión, y la Corte Suprema de Azerbaiyán rechazó sus apelaciones en abril de este año bajo la acusación de contrabando y delitos financieros. Abzas es un medio independiente fundado en 2016, con el foco puesto en corrupción, mal uso de recursos naturales, violación de derechos humanos y abuso de poder. Gunel Safarova es la actual Directora a cargo y editora en jefe del medio, y recuerda: "El 20 de noviembre de 2023, Abzas Media se convirtió en el primer gran objetivo de la actual ofensiva contra los medios independientes en Azerbaiyán. Nuestra oficina fue allanada y precintada, se confiscó nuestro equipo y nuestros periodistas fueron arrestados".
Desde entonces, el medio, como muchas otras plataformas azeríes independientes, se vio obligado a exiliarse, y los periodistas que están privados de su libertad siguen publicando desde la cárcel: "Para nosotros, esto es muy poderoso. Convirtieron los muros de la prisión en otra redacción", destaca Safarova. Adicionalmente, el gobierno azerbaiyano bloqueó la página web de Abzas Media, pero los ciudadanos se siguen acercando a través de redes sociales y conexión por VPN.
Safarova considera que la censura, más allá de la instancia previa a la publicación, se impone en el gobierno de Aliyev mediante el miedo. Desde vigilancia hasta amenazas a familiares, los trabajadores de medios no están seguros, ni siquiera desde el exilio. "Muchos periodistas están abandonando la profesión porque el costo personal se ha vuelto demasiado alto", remarca la editora en jefe de Abzas Media. Incluso en la sociedad civil, la presión se ejerce infundado la intranquilidad, habiendo sido "desmantelada en gran medida mediante arrestos, causas penales, prohibiciones de viajar, cuentas bancarias congeladas y presión sobre ONG y activistas".
La posibilidad de un futuro con mayor apertura se ve lejana para Safarova, que considera "difícil hablar de esperanza cuando el gobierno ve a los periodistas y a los miembros de la sociedad como traidores y criminales". Sin embargo, el trabajo desde el exilio y el riesgo que toman los periodistas encarcelados al seguir trabajando, le recuerda que el oficio también se trata de la responsabilidad. "Así que sí, la situación es muy difícil. Pero existe esperanza porque los periodistas independientes siguen trabajando, los ciudadanos siguen buscando información y la verdad sigue encontrando formas de llegar a la gente", concluye.
Armenia atraviesa hoy una transformación radical. El país ha decidido distanciarse de Rusia y abrazar a Occidente. Un hito reciente fue la megaconferencia en Armenia con la presencia del presidente francés y, por primera vez en décadas, el vicepresidente de Turquía y Volodímir Zelensky.
También mediante acuerdos como el TRIP (Trump Route for Priests and Prosperity), un pacto entre Azerbaiyán, Armenia y Estados Unidos que establece un corredor estratégico de 43 kilómetros que conecta a Azerbaiyán con su enclave de Najichevan a través del territorio armenio. Sin embargo, el acuerdo no incluyó como requisito el retorno de los detenidos políticos ni de los prisioneros de guerra.
Mientras el Estado armenio prioriza la economía y la normalización con Turquía, temas como el reconocimiento del genocidio y el "Derecho a Volver" de los desplazados han quedado relegados a la agenda de la diáspora en países como Argentina, Francia y Estados Unidos. La catedral de Shushi —destruida durante el conflicto— fue denunciada por la abogada Minassian ante el Juzgado Federal en Argentina como un caso de destrucción de la identidad cultural de una etnia.
A pesar de la magnitud de la crisis y la destrucción de un pueblo entero, la comunidad internacional no ha logrado articular una respuesta efectiva que garantice el retorno seguro de los desplazados ni la rendición de cuentas por los crímenes cometidos.